¿Ha cambiado tu consumo?

PorEquipo Digiplanet 0 comentarios

Hoy en día es casi imposible imaginar una vida sin un teléfono móvil en la mano. Los ordenadores, las tabletas y los teléfonos inteligentes han transformado nuestra forma de comunicarnos, trabajar, aprender y jugar. Se volvieron aún más esenciales cuando la pandemia de COVID-19 obligó a que las dinámicas profesionales, las clases, las reuniones y las relaciones sociales se trasladaran a la red.



Pero poca gente se da cuenta de que nuestra dependencia de la electrónica tiene unos costes medioambientales colosales, desde la extracción de minerales hasta la eliminación de los aparatos usados. Los consumidores siguen comprando productos más rápidos y nuevos, con más almacenamiento y mejores cámaras, incluso cuando sus equipos siguen funcionando perfectamente.



Solo en 2019, se desecharon 53,6 millones de toneladas de residuos electrónicos en todo el mundo. De esta cantidad astronómica, sólo el 17% se recicla adecuadamente. El interior de la mayoría de los equipos electrónicos está formado por varios tipos de metales, como el oro, la plata, el paladio, el cobre y el aluminio. El reciclaje incorrecto hace que estos metales no se recuperen ni se reutilicen, acabando incinerados, en vertederos de países subdesarrollados e incluso vertiendo estas sustancias en ríos y mares.



Los productos electrónicos son cada vez más pequeños y ligeros en comparación con los modelos de hace 10 años. Los televisores modernos tienen pantallas planas y delgadas, a diferencia de los voluminosos televisores cúbicos que existían hasta principios del siglo XXI; los teléfonos inteligentes han sustituido a los reproductores de MP3 y MP4, a los reproductores de CD portátiles y a los teléfonos fijos, al GPS y a las cámaras fotográficas; los servicios de streaming (Netflix, HBO, Disney+, entre otros) han robado el lugar a los reproductores de casetes, DVD y Blu-ray.

A pesar de toda esta reducción de volumen y de la fusión de varios equipos diferentes en un dispositivo más polifacético y eficiente, la producción de residuos electrónicos sigue aumentando a un ritmo abrumador. En el espacio de una década, entre 2010 y 2020, la cantidad de residuos electrónicos producidos a nivel mundial casi se ha duplicado.

¿Cuál es el problema?



Hasta finales del siglo pasado, comprar un televisor, un teléfono móvil o cualquier producto electrónico era todo un acontecimiento. Se suponía que iba a durar muchos años, y cuando un componente se estropeaba, el equipo se llevaba a un taller para ser reparado.

Hoy en día, nuestra mentalidad hacia el consumo electrónico ha cambiado radicalmente. La producción en masa y la banalización de la tecnología han generado una gran caída de los precios en comparación con los valores de los productos de hace 10 años. Cuando un teléfono móvil se estropea, vamos a comprar uno nuevo. La mayoría de las veces, no tiene sentido económico ir a un taller a intentar arreglar la avería. Una tostadora o una varita mágica que deja de funcionar se abandona inmediatamente en un rincón de la casa y se sustituye por una nueva.



Este pensamiento consumista característico del siglo XXI y la asequibilidad de los productos electrónicos conducen a un aumento desmesurado de la producción tecnológica para satisfacer la demanda.



Para intentar frenar este despilfarro tecnológico y la consiguiente contaminación del planeta tenemos que reducir el consumo, reciclar adecuadamente los productos que ya no utilizamos e invertir en productos reacondicionados.

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